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La lucha contra el COVID-19 reduce la contaminación atmosférica a niveles insólitos

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Una de las consecuencias más evidentes de las medidas adoptadas por los gobiernos para combatir al COVID-19 es la reducción de las emisiones contaminantes y, por tanto, la mejora de la calidad del aire. Las restricciones drásticas a la circulación de vehículos se hacen notar sobre todo en las conurbaciones urbanas. Madrid y Barcelona, ciudades acostumbradas a superar a diario los límites permitidos en emisiones de CO2 y NO2, registran desde el 14 de marzo una reducción insólita en la concentración atmosférica de estos gases.

A menor tráfico, menos contaminación. La relación es directa. El satélite Copernicus Sentinel-5P de la Agencia Espacial Europea (ESA) está mapeando desde el inicio del confinamiento la contaminación atmosférica en Europa y China, y las imágenes recogidas son reveladoras. Las concentraciones de dióxido de nitrógeno, cuyo principal causante son los motores de combustión interna de los automóviles (un 80% del NO2 de las ciudades), se han reducido significativamente en las principales capitales europeas.

La restricción del tráfico en las ciudades reduce los niveles de NO2 y CO2

El Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI) se está encargando de monitorear las observaciones que recoge el Sentinel-5P, y el contraste entre los mapas de marzo de 2019 y los elaborados con los datos disponibles entre el 14 y el 25 de marzo de este año es impactante.

Caída contaminación Península Ibérica

Las estaciones de control de la calidad del aire de Madrid y Barcelona confirman lo que muestran las imágenes de satélite. Según los datos de Lobelia, la reducción de la concentración de NO2 se sitúa en torno al 40% respecto a un día normal, que es precisamente la cantidad que corresponde a las emisiones causadas por el tráfico cercano (unos 20 microgramos por metro cúbico). El límite que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 40 microgramos/m3 de media anual.

La aplicación Lobelia Air permite comprobar la concentración de NO2 en tiempo real en cualquier punto de las ciudades de Madrid, Barcelona y Amsterdam. A las 18 horas del 2 de abril (momento en que estamos redactando estas líneas), en el centro de Barcelona se registran 4 microgramos de NO2, es decir, un 10% de la cantidad máxima que señala la OMS.

Un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV), que también recoge los datos del satélite de la ESA, amplía la reducción de las emisiones de NO2 a una media del 64% en las principales ciudades españolas, entre las que destaca el 83% de Barcelona, un 76% en Castellón y un 73% en Madrid.

En cuanto a las emisiones de CO2, también han experimentado un descenso marcado en las ciudades, hasta un 75% en Barcelona, por ejemplo. En los centros industriales del país la mejora no es tan acusada, puesto que la actividad se ha mantenido a niveles similares a los habituales, al menos hasta el 29 de marzo, cuando el gobierno español decretó el cese temporal de toda actividad no imprescindible.

Si nos fijamos en China, donde sí hubo un parón brusco de toda actividad, las emisiones de CO2 se redujeron un 25%, lo que representa un 6% a nivel mundial, unas 150 millones de toneladas métricas, que es la cantidad de dióxido de carbono que produce en un año la ciudad de Nueva York.

Movilidad más sostenible

Obviamente, en cuanto se retome la actividad normal, la contaminación atmosférica previsiblemente regresará a sus niveles habituales. La situación actual, aunque esté teniendo un impacto positivo en la calidad del aire y en la naturaleza en general, no es la deseada por nadie ni es sostenible para el funcionamiento de nuestra sociedad.

Sin embargo, debería hacernos replantear cosas importantes respecto a la movilidad. La contaminación es una de las principales causa de enfermedad y responsable de miles de muertes cada año. Nuestra responsabilidad como ciudadanos también pasa por cambiar esta realidad, haciendo lo posible por reducir las emisiones contaminantes. En el caso de los desplazamientos por carretera, podemos compartir vehículo, no cogerlo para cualquier trayecto, y optar por coches con el menor impacto en el medioambiente.

Los diésel modernos, gracias a la tecnología SCR de reducción de emisiones, a los filtros que impiden la salida de partículas a la atmósfera y al uso de un aditivo como AdBlue, que transforma los óxidos de nitrógeno (NOx) en vapor de agua y nitrógeno, cumplen con las normas de emisiones más restrictivas, como la Euro 6d TEMP. Ojalá que las restricciones a la movilidad acaben pronto, ello querrá decir que hemos derrotado al COVID-19; y ojalá saquemos aprendizajes valiosos respecto de la situación que nos ha tocado vivir.

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